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domingo, 3 de enero de 2016

Sueños más curiosos del 2015

01 Consigo una máquina para grabar mis propios sueños. Leer más
02 Un pellejo ensangrentado de perro contamina las aguas. Leer más
03 Descubro una virgen gigantesca esculpida en una montaña. Leer más
04 Mi abuela posee una montaña de cobre. Leer más
05 Somos José y María y matamos a nuestro asno para hacer posada en Belén. Leer más | Leer relato inspirado en este sueño

Máquina de grabar los sueños (finales noviembre 2015)

Dispongo de un asombroso invento que permite grabar y reproducir mis propios sueños. En otras ocasiones he soñado que retenía o fotografiaba de algún modo lo que soñaba, pero esta vez parece la concreción o el resultado más elaborado de este 'género' metaonírico, por así llamarlo.
Esta máquina reproduce una voz que dice 'Usted ha soñado...' y, a continuación, suenan mis voces en los sueños, otros sonidos de esos mismos sueños, etc, y todo ello permite reconstruir las historias oníricas que se han producido. No recuerdo, sin embargo, que la máquina grabe imágenes.

Virgen gigantesca en la roca (mediados octubre 2015)

Descubro un extraño libro de fotografías. Recoge la historia de los primitivismos: diferentes construcciones y figuras religiosas o mitológicas de tamaño colosal que se esconden o camuflan en grandes montañas, en ríos, cascadas, selvas, etc, como si fueran señales o vestigios de civilizaciones antiquísimas. Me asombran las imágenes desveladas por el autor del libro, una especie de reportero-historiador aventurero, ya que jamás las había visto reproducidas y desconocía por completo su existencia.

Una de estas imágenes es una gigantesca maternidad, como una virgen María sentada con el niño, esculpida de modo primitivo y algo tosco pero impresionante en un alto risco. Veo confirmada la antigüedad inmemorial de estas figuras religiosas que se creían sólo de época cristiana.

martes, 13 de octubre de 2015

Mi abuela posee una montaña de cobre y me fascina un jinete ciclista (11-12 octubre 2015)

1 Estamos en Ordal, el pueblo de mis abuelos maternos. En un ambiente familiar relajado y distendido, mi hermana Cristina pregunta a mi madre si mi abuela "es muy rica" o "si es tan rica como dicen". Mi madre responde con un amplio "sííí...", enfatizando su afirmación y pensando cómo argumentarlo. Nos explica que, por ejemplo, toda la montaña de Montjuïc, en Barcelona, es de su propiedad, hasta el punto de que la ha revestido enteramente de un metal reluciente, que parece zinc o cobre, tal como se nos aparece ahora. Mi abuela parece ajena a nuestros comentarios, está abstraída y olvidadiza. Tras el sueño, pienso que quizá he puesto a mi abuela en el lugar simbólico de mi bisuabuela -su madre-, de quien sí conocíamos sus orígenes burgueses y acomodados.

2 Aún en Ordal, me llaman para ir a comer pero me hago el remolón. Estoy fascinado con la imagen de cierto ciclista, uno o varios, que va repitiendo la escena de bajar una pendiente en el camino de bosque que se comunica con la puerta trasera de la finca. Este simbólico jinete a menudo va acompañado de atractivas muchachas, sentadas con él, e imagino que este hombre seductor y aéreo puedo ser yo. Finalmente salgo de mi estado absorto y subo a casa para comer. Voy a toda prisa, literalmente volando, cojo un vaso pero me doy cuenta que está hecho de un níquel rudo y puntiagudo. Además, el vaso está muy sucio, repleto de restos de comida, y es casi imposible de lavar, así que pregunto a mi abuela dónde están los vasos de cristal normales (le pido un 'vas', tal como ella lo dice en catalán, no un 'got'). Una vez en la mesa compruebo que todos ya han acabado, y mi madre me regaña severamente, ante la mirada algo distraída de mi abuelo Eudald.


Pellejo ensangrentado de perro flotando (principios octubre 2015)

Por algún motivo, soy responsable o estoy obligado a tender al sol y manipular un pellejo de perro muerto, estirado y dilatado como una alfombra. Cada día tengo que extraer y manejar un pellejo nuevo, como si trabajase en un matadero. Estoy en casa de mis padres, asomado al gran ventanal de la galería del comedor, cuando me doy cuenta que el pellejo que está bajo mi responsabilidad ha quedado flotando y ensangrentado, a la deriva, debido a una rara inundación sobre las terrazas del vecindario, convertidas en algo parecido a un canal de riego. Me alarma ser acusado de contaminar las aguas con mi sucia y sórdida actividad, mantenida hasta entonces con cierto secretismo. Pienso a toda prisa como frenarlo o evitarlo.

lunes, 8 de junio de 2015

"¿Quién es Dios?", "Mi predilecto" (7-8 junio 2015)

Extraño sueño durante una mañana, poco antes de despertar.

Viajo con mis amigos y visitamos Barcelona, como si se tratara de algún lugar lejano o desconocido. Nos hospedamos en un raro hotel de finales del siglo XIX, de estilo burgués y modernista pero desconchado, avejentado y algo laberíntico. Su ascensor es extremadamente claustrofóbico, con una cabina antigua, con dos puertas, en las que apenas cabe una persona, totalmente comprimida.

De modo que decido subir por la escalera, agobiado y angustiado por aquel ascensor. Llego a uno de los pisos más altos y cuál es mi sorpresa cuando llego a una amplia explanada con colinas y bastante gente merodeando por los caminos, como si fuera un paraje de interés turístico.

En lo alto de una de las colinas se alza un hermoso castillo-iglesia con una gran torre maciza, de planta cuadrada y con almenas, presidiendo la fachada, parecida a la de la Alhambra, o la torre del homenaje de algún castillo medieval. Me intriga sobremanera aquel lugar perdido en la sierra de Collserola que desconocía por completo. (En otros sueños recientes también aparecen lugares montañosos de Barcelona que jamás había visto, también con vestigios monumentales).

Llego a la puerta de la iglesia y descubro que allí se rinde culto a una rara secta cristiana, cuyos fieles parecen gentes desequilibradas, con problemas mentales y a veces incluso algo amenazantes. En la portalada hay un muchacho de unos dieciocho o veinte años apuntando constantemente al interior de la iglesia con una especie de proyectil de dardos o balines, como si se propusiera impedir la entrada de cualquier extraño.

Intento conversar con ellos. Interpelo a una chica, de rostro un poco desencajado pero expresión dicharachera, sobre lo que hacen allí. Me responden que oran a Dios. Le pregunto entonces:

- ¿Y quien es Dios?

A lo que ella responde brevemente:

- Mi predilecto. *


ACERCA DE ESTE SUEÑO

Por: Doctor Kieslowsky 

* La expresión final recuerda al pasaje del bautismo de Cristo en los Evangelios, en el que se abren los cielos y la voz del Padre clama: "Este es mi Hijo, mi Predilecto. Escuchadlo".

sábado, 18 de abril de 2015

Mar y animales en mi calle; bebé en una caja de cerillas; trepo por la Sagrada Família (enero 2015)

Noche de viernes y mañana de sábado de las que recuerdo muchos sueños.

1 El mar en mi calle. Voy en coche con Laura. Subimos por la calle de mis padres, ligeramente empinada, y al llegar al final empiezan las sorpresas. Un rebaño de vacas, ovejas y asnos se cruza en nuestro camino. Al parecer, existe allí una especie de granja, cosa que desconocía. La dueña es una vecina mayor cuya cara, de aspecto severo, me resulta familiar (quizá era la abuela de algún compañero de escuela). 

Pero la verdadera sorpresa llega justo después. Al terminar la calle, donde en la vida real empieza el parque urbano de la Muntanyeta, en el sueño se extiende lo que parece un breve camino hacia la playa. Parece que hubieran hecho obras y desbrozado caminos para que mi calle quede tan increíblemente cerca del mar, lo cual me regocija, y así lo comento en voz alta.

Al bajar del coche me doy cuenta que quizá se trata de un efecto óptico y en realidad se trata del río Llobregat, cuyas aguas plateadas refulgen a lo lejos, teniendo que pasar antes por una más breve riera que discurre en paralelo, como si andáramos entre una ciudad de canales. Nos adentramos por el camino que lleva hasta el supuesto horizonte marítimo, con arena al fondo. Además de Laura, está nuestra amiga Sara y de repente llega también Andrés, que se adelanta para hablar conmigo. 

Atardece y la luz del sol crea imágenes muy hermosas, con reflejos, siluetas perfectas y sombras que parecen cuadros. Entonces siento no haber cogido la cámara fotográfica, que está en el coche. Pido las llaves a Laura y regreso a por ella. Sin embargo, al llegar no identifico el coche (hay muchos vehículos azules que se parecen). Y, sin saber cómo, me meto en una especie de hotel-restaurante, con sucesivas estancias, de las que no consigo salir. Me da mucha rabia no poder volver al hermoso lugar que quería fotografiar.

2 Otra vez un bebé se deshace. Cuido de un diminuto bebé de la familia, que me recuerda a mi sobrina Maria. Para resguardarlo, debemos guardarlo en una cajetilla, como de cerillas. La llevo de un sitio para otro, y la voy sacando para cogerla en brazos. Pero una de las veces, al sacarla, descubro horrorizado que ha quedado como consumida o desmigajada. En otras ocasiones podía volver a recomponerse, pero ahora no. Me siento tremendamente culpable, temo tener que decírselo a mi familia. Sueño muy recurrente en los últimos meses.

3 Trepando por la Sagrada Família, arranco sus pináculos. Veo la Sagrada Família de Gaudí terminada. En el sueño tiene un aspecto que no coincide con la realidad: es una especie de templo neogótico y algo convencional comparado con la fantasía del arquitecto, que por alguna razón no consigo recrear. Lo intento de nuevo, vuelvo a cruzar la calle y se me aparece otra versión de la Sagrada Família, que tampoco es la correcta pero se asemeja un poco más, con las torres más definidamente cónicas y apuntadas. Entonces empiezo a trepar por los muros cual Spiderman. Al llegar a lo alto, me encaramo también a las torres, llenas de grúas, redes y aparejos de obras, y consigo tomar en mis manos uno de los famosos pináculos en forma de flor de cerámica. Puedo arrancarlo fácilmente, como si estuviera flojamente colocado, y lo lanzo hacia abajo para que alguien lo coja.

4 Dibujos brillantes de mi infancia. Muestro unos antiguos dibujos a mis amigos y compañeros. Se trata de dibujos que hice de niño para ilustrar mis trabajos o apuntes escolares. Todos, yo incluído, se sorprenden de la fantasía y el nivel de detalle de estas creaciones, donde se ven paisajes de montañas, mares y otras evocaciones de figuras y escenas celestiales. Muchos están pintados vivamente, con ceras o témperas. Me entristece haber perdido el empuje y la ilusión para hacer estos dibujos ingenuos y llenos de brillo.

sábado, 24 de enero de 2015

Cruzamos un río para llegar a una aldea, matamos a nuestro camello y proyectamos sombras sobre los transeúntes (finales diciembre 2015)

Viajo con mis amigos a lo largo de diferentes pueblos. Vamos sin apenas dinero, improvisando nuestra ruta. Llegamos a una pintoresca aldea, que puede divisarse de lejos, encaramada en la falda de un monte o acantilado rocoso. Para llegar al pueblo tenemos que cruzar una amplia llanura atravesada por un río y humedales por doquier, fangosos y llenos de pequeñas piedras. La primera vez sorteamos los obstáculos sin problemas, deseosos de llegar. Pero al abandonar la aldea y tener que regresar, ya de noche, recuerdo la travesía que nos espera y me abruma. Voy casi descalzo, esta vez sólo junto a una persona, y debemos mojarnos, esquivando piedras y profundidades. Mientras oscurece, vemos una gran animación en el pueblo, con luces, fogatas y gente en plena celebración.

En una de nuestras excursiones vamos acompañados de una especie de mula o camello, que al parecer lleva nuestros equipajes (tal es nuestra situación precaria, como nómadas). Entonces nos las ingeniamos para lograr un hospedaje y, al igual que José y María, acudimos a una especie de cuadra o establo. Se trata de un edificio con estancias preparadas para animales enfermos o heridos. Decimos que nuestra mula-camello necesita reposo y pagamos lo correspondiente por una habitación. Una vez allí, administramos la inyección que nos han dado para el animal, pero en tales cantidades que logremos matarlo y quedarnos nosotros con el cuarto. Llega una enfermera, temo que nos descubra. Poco después, todos los amigos nos reunimos ya cómodamente para ver la televisión en nuestro hotel improvisado.

La habitación del hotel-cuadra, como he podido comprobar desde fuera, está situada en un piso altísimo y escorado, desde donde pueden verse las plazas del pueblo. Aunque es casi de noche, con un juego de cortinas puedo proyectar sombras sobre los transeúntes, sobras de todo tipo y forma para distraerlos, atemorizarlos o confundirlos. A veces son sombras largas y persecutorias, otras veces sombras pequeñas como motas, estrellas o chiribitas. Me gusta esta sensación de poder desde lo alto, aunque nadie en la calle parece inmutarse demasiado.

Ver relato basado en este sueño:
http://inarell.blogspot.com.es/2015/01/sense-maria.html