Enésimo sueño ambientado en París. Veo la catedral de Notre-Dame, y el ábside extrañamente cambiado: aparece en estilo barroco, deformado y cutre. Me paro a tomar fotografías. La ciudad esta vez me decepciona. No era lo que esperaba.
Sueño habitual estos días: apuro cualquier momento de mínima luz o calor para bañarme. Esta vez, voy a la piscina, cuando queda una hora para que cierren. La gente me mira con desdén. Es invierno. Pongo mi diminuta toalla en una pequeña zona donde aún da el sol.