Varios sueños en los que mi hermano Lluís vuelve a ser pequeño, de unos seis, siete u ocho años, y me siento protector hacia él. Me lo pongo en la falda y le digo: "¿Quieres saber lo que pasará en el futuro? Tú acabarás siendo más alto que yo".
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sábado, 13 de octubre de 2018
martes, 15 de noviembre de 2016
Mi hermana vuelve al día de su comunión (2016)
Mi hermana Cristina se mira en el espejo y le devuelve la imagen de su niñez, cuando hizo la primera comunión. Veo su sombrero de lana blanco y de repente su cabeza desaparece, quedando el sombrero flotante. Cristina se pregunta si será la última vez que se ponga el vestido.
martes, 13 de octubre de 2015
Mi abuela posee una montaña de cobre y me fascina un jinete ciclista (11-12 octubre 2015)
1 Estamos en Ordal, el pueblo de mis abuelos maternos. En un ambiente familiar relajado y distendido, mi hermana Cristina pregunta a mi madre si mi abuela "es muy rica" o "si es tan rica como dicen". Mi madre responde con un amplio "sííí...", enfatizando su afirmación y pensando cómo argumentarlo. Nos explica que, por ejemplo, toda la montaña de Montjuïc, en Barcelona, es de su propiedad, hasta el punto de que la ha revestido enteramente de un metal reluciente, que parece zinc o cobre, tal como se nos aparece ahora. Mi abuela parece ajena a nuestros comentarios, está abstraída y olvidadiza. Tras el sueño, pienso que quizá he puesto a mi abuela en el lugar simbólico de mi bisuabuela -su madre-, de quien sí conocíamos sus orígenes burgueses y acomodados.
2 Aún en Ordal, me llaman para ir a comer pero me hago el remolón. Estoy fascinado con la imagen de cierto ciclista, uno o varios, que va repitiendo la escena de bajar una pendiente en el camino de bosque que se comunica con la puerta trasera de la finca. Este simbólico jinete a menudo va acompañado de atractivas muchachas, sentadas con él, e imagino que este hombre seductor y aéreo puedo ser yo. Finalmente salgo de mi estado absorto y subo a casa para comer. Voy a toda prisa, literalmente volando, cojo un vaso pero me doy cuenta que está hecho de un níquel rudo y puntiagudo. Además, el vaso está muy sucio, repleto de restos de comida, y es casi imposible de lavar, así que pregunto a mi abuela dónde están los vasos de cristal normales (le pido un 'vas', tal como ella lo dice en catalán, no un 'got'). Una vez en la mesa compruebo que todos ya han acabado, y mi madre me regaña severamente, ante la mirada algo distraída de mi abuelo Eudald.
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