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viernes, 7 de marzo de 2014

Caminando junto al mar, temo un tsunami, pierdo la chaqueta (principios marzo 2014)

Camino junto al mar con Laura y mi amigo Jose. Andamos apenas a unos centímetros del agua y temo que en algún momento se produzca un tsunami o un violento oleaje. Algo irritado por el miedo, pido que nos alejemos de allí pero no le dan importancia y e ignoran mi propuesta. Más tarde recuerdo que me he dejado una chaqueta azul oscuro al inicio del camino, y todavía me enfado más.

sábado, 12 de diciembre de 2009

Gran ola en Sitges, ruta por los terrados y los móviles reencontrados (11-12 diciembre 2009)


Ha sido una noche de muchos sueños encadenados, pero sólo consigo recordar algunos.

1 tsunami en sitges. Laura y yo vamos a Sitges, en un soleado día de otoño. Con las altas temperaturas, las playas se han llenado de visitantes que toman el sol y se bañan. De repente, una gran ola inunda la playa y se retira. El agua ha alcanzado gran nivel y me sobresalto ante la posibilidad de un maremoto. Sin embargo, el fenómeno no va a más.

2 en el puerto. Paseamos también por las pasarelas de un puerto, donde, creo recordar, se exhiben acuarios con pequeños pulpos y calamares. Constantemente, el día va cambiando; el cielo soleado se oscurece, luego vuelve a resplandecer, las nubes vienen y van.

3 saltando por los terrados. Nos ponemos en marcha para volver a casa. En vez de tomar un camino normal o coger el coche, vamos saltando de terrado en terrado, como si fuéramos gatos, incluso pasando por el interior de pisos, casas y escaleras. Tras una intrincada ruta, salimos al exterior y cuál es nuestra sorpresa cuando descubrimos que hemos vuelto a nuestro punto de origen, en Sitges.

4 los teléfonos reencontrados. Mi familia me espera en el coche, ya que debemos ir a algún sitio, quizá al pueblo de mis abuelos maternos, Ordal. Mientras mi padre aguarda impaciente desde la calle, yo ordeno y revuelvo cosas en mi cuarto. Apartando ropa y chaquetas, de repente aparece un teléfono móvil igual al que tengo igualmente, un pequeño Nokia de color negro. Al parecer, este era mia nitguo teléfono, pero lo había cambiado por otro igual al extraviarlo. Después, aparece aún un tercer teléfono, y un cuarto. Todos ellos los había perdido, y emergen juntos del desorden.

sábado, 18 de abril de 2009

Pinturas del Apocalipsis, el santuario primitivo y la gran ola (17-18 abril 2009)


1 Visitamos una especie de ateneo o casa señorial antigua donde trabaja nuestro amigo José Luis (Sose) como documentalista. Estamos tomando algo en una terraza del edificio, cuando me doy cuenta que, en los salones interiores, se exponen enormes murales románicos de la iglesia de Sant Joan de Boí. Se ven escenas del Apocalipsis, como la primitiva pintura rojiza donde se representa la Bestia de siete cabezas. Pido a Sose que nos deje entrar para admirar los murales, pero al parecer hay mucha gente por allí y prefiere que no nos movamos de sitio.

En febrero de 2008 ya había soñado que la casa de Sose era un museo.

2 Entramos en una austera iglesia gótica, semioscura y apenas decorada. Atravesando la entrada de norte a sur, el escenario cambia totalmente: entramos en unos patios y claustros llenos de fuentes, colores y columnas, un lugar más bien parecido a la Alhambra.

3 Nos adentramos más tarde en una especie de gran santuario primitivo al aire libre: imágenes y esculturas, velas de colores, montículos y maquetas, todo se extiende en una paradisíaca costa de arenas blancas y aguas turquesa. Alzo el vuelo y empiezo a sobrevolar todo aquello; intento frenar el movimiento para no caer en el mar. Luego ando por la playa haciendo fotografías hasta que la marea pega una enorme subida y anega todos mis objetos. Intento recuperarlos a toda prisa y salgo corriendo. Sufro por mis instantáneas. En otro momento del sueño, veo a mi abuelo Cristino haciendo fotos con un gran objetivo incorporado a su cámara, y pienso que yo debería comprarme uno.

sábado, 4 de octubre de 2008

La marea, Barcelona medieval, el perro rubio, la burbuja de saliva y volando como una sirena (3-4 octubre 2008)


1 Viajo con un amigo a una ciudad costera soleada y repleta de vestigios antiguos. En busca de emociones fuertes, me meto entre las multitudes para intentar que haya disturbios y me detengan. No consigo nada de eso, así que me marcho cabizbajo al atardecer. Aunque se ha hecho tarde, el día aún es claro: veo la hermosa bahía de la ciudad iluminada e intento consolar mi frustración adentrándome en el paisaje.

Voy resiguiendo la playa rocosa y escarpada, lentamente, melancólico, hasta que, de repente, empieza a subir la marea. Las olas me alcanzan, y en la playa todo el mundo se pone a trepar por las rocas. Me agarro a un salvavidas hasta llegar a un sitio más seguro. Llevo tejanos y sufro por mi móvil; por suerte aún funciona. Cuando se calma la situación, una madre hace gala de haber visto muchas mareas y dice a las niñas que hay por allí: "Conocemos esta costa más que a vosotras". Todavía con el mar embravecido, subo al avión para hacer el viaje de vuelta, e incluso allí nos llega la subida de las olas.

2 Estoy con una amiga en una zona elevada del Barri Gòtic de Barcelona. Veo a mi altura, muy cerca e imponente, la Torre del Rei Martí de la Plaça del Rei, cuajada de ventanas y con un brillo como diamantino azulado. Comento a mi compañera que tengo ganas de volver a subir a aquella torre para gozar de una buena vista de la Barcelona medieval.

3 Compro dos perros y los dejo corretear por la finca de mis abuelos maternos en Ordal. Uno de ellos es pequeño y de pelo negro, mientras que el otro es grande, muy peludo y de color rubio blanquecino. Quiero que los perros de algún modo sustituyan a los que murieron y así, por ejemplo, el peludo parece evocar a la perra Ona, un grifón que murió hace años. Sin embargo, el cambio no me convence; siento tristeza y pienso que quizá ha sido un derroche adquirir las dos mascotas.

4 Es de noche. Estoy en el Barri Gòtic de Barcelona con mis amigos José Luis y Javi. Estamos bebidos o algo parecido. De pronto empiezo a hacer una burbuja con mi propia saliva, hasta conseguir una gran esfera de unos 30 cm de diámetro. La burbuja es perfecta y de superfície sólida, casi irrompible. Aun así, José y Javi advierten que alguien me la puede romper. Me voy con mi burbuja al ayuntamiento de Barcelona -¿quizá para resguardarla?-. En el sueño me veo a mi mismo, desde el punto de vista de mis amigos, cómo me voy alejando, haciendo eses, con la burbuja a cuestas, hasta que lo único que se ve de mí són unos círculos concéntricos, como el logotipo de los cigarrillos Lucky Strike.

En el mismo sueño tengo otras habilidades: por ejemplo, puedo flotar en el aire doblando las piernas hacia atrás, haciendo una U, como si fuera una sirena. Volando de esta manera me acerco a un escaparate, donde hay una pareja también mirando a través del cristal de la tienda. El hombre me mira de reojo con desdén.

domingo, 23 de diciembre de 2007

El mar agitado lleno de tesoros (22-23 diciembre 2007)

Viajamos por un lugar brumoso y costero, que vagamente asociamos al sur de Francia. Los parajes son de gran belleza, con campos tupidos de violetas y pueblecitos con campanarios por doquier. Estoy sorprendido, mientras que mi madre se autoafirma, porque ya conocía el lugar."¿Lo ves?", me dice. Mi padre nos lleva conduciendo a primera línea de mar. Las aguas están turbias. La franja donde rompen las olas está llena de vida: florecen almejas y moluscos, conchas brillantes e incluso una especie de babosa rojiza en forma de flan. Todo el mundo persigue estas bellezas. La costa se llena de gente que intenta llevarse algo de lo que trae el mar. Pero, de repente, el nivel de las aguas se eleva súbitamente. Nos asustamos. Mi padre sigue conduciendo a trancas y barrancas. Temo que en cualquier momento el coche quedará flotando y a merced del temporal. Finalmente logramos salir y subimos a la carretera. Desde allí se ve un panorama terrible: el horizonte del mar ya no es recto, sino curvilíneo, y las aguas se agitan tremendamente. Desde lo lejos se ven inmensas olas acercándose a la costa.

jueves, 19 de julio de 2007

El oleaje y los niños (19-20 julio 2007)

Nos asomamos a una terraza y vemos que el nivel del mar ha subido extraordinariamente. "Nunca había subido tanto", comentamos. Tras la curiosidad, llega la sensación de riesgo. El oleaje se levanta de modo tan peligroso que decido apartar a los niños de la terraza (se trata de los hijos pequeños de la familia Segura, a quien conocemos) y nos retiramos a un jardín. La historia ocurre en la casa de mis abuelos maternos, en Ordal.

sábado, 30 de junio de 2007

Oleaje en Gran Canaria (29-30 junio 2007)

Viajo a la isla de Gran Canaria con mi hermana Anna. Las calas son agrestes, inhóspitas, y el agua brilla cristalina. De repente sube la marea y nos alcanza. Después las aguas se retiran. Más tarde vuelve a subir y cada vez inunda más trecho de tierra. Los bañistas deben apartarse o huir. Llegamos a una especie de chiringuito y el agua prácticamente anega las máquinas expendedoras de refrescos. Me doy cuenta que voy sin bañador. Solamente llevo unos calzoncillos azules. Me siento algo inseguro.

viernes, 8 de junio de 2007

Cocodrilos (junio 2007)

El cielo está nublado. Desde una barandilla nos asomamos al mar. Las aguas suben turbias. El oleaje se agita y parece que nos vaya a alcanzar. Alguno de mis hermanos se lanza despreocupadamente y en ese momento asoma la cabeza un cocodrilo con las fauces abiertas. Le advierto del peligro, pero no me hace caso. Nadie más parece darse cuenta de la amenaza.

martes, 15 de mayo de 2007

Venecia y las olas (abril 2007)

De nuevo viajo a Venecia. Esta vez no aparecen las calles, sino la vista general de las altas torres de la plaza de San Marco o la iglesia de San Giorgio. En el mismo sueño, estamos en una playa y, cada cierto tiempo, viene una ola gigantesca y se lo lleva todo. Aun así nos acercamos a la orilla una y otra vez, temerariamente. El nivel del mar crece súbitamente, catastróficamente.

miércoles, 9 de mayo de 2007

La entrega de la pistola (febrero 2006)

1 Estamos sentados en la playa, entre rocas. Viene una fuerte ola y nos atrapa. Observo las corrientes de agua colándose entre las piedras.

2 Mi madre y yo visitamos una comisaría. Vamos a hacer de mediadores, para denunciar el robo que ha sufrido un hombre, quizá amigo nuestro. El funcionario escucha la historia y al terminar de escuchar nuestra explicación me entrega una pistola antigua, con aspecto de trabuco. Al ver el arma me altero y me apresuro a envolverla. Salgo de la comisaría con la pistola escondida.

3 Visito un parque formado por pequeñas casa de cartón. Cada una ilustra un hábitat diferente: la selva, el fondo del mar, etc. Me agacho para verlas de cerca y contemplar todos los detalles.

Los delfines con rostro humano y la ola gigante (enero 2006)

1 Vamos de excursión a la montaña. Una vez allí, recojo mi equipaje y me doy cuenta que he perdido algo: creo recordar que se trataba de un zapato. Nos ponemos en camino para ir a buscarlo, y en el trayecto topamos con una piscina, una especie de fuente con azulejos, con animales que parecen orcas o delfines nadando en su interior. Los delfines tienen rostro humano y los acariciamos.

2 Vuelvo a soñar con una ola gigante. Mi madre, mi hermana Alícia y yo vemos des de la terraza de casa cómo sube el nivel del mar, con grandes oleajes. También lo observo desde la ventana del cuarto de la bañera. De repente una de las olas viene hacia nosotros.

martes, 8 de mayo de 2007

El tsunami (enero 2005)

Es de noche. Cenamos en una terraza. De repente vemos un objeto luminoso en el cielo: es un meteorito inflamado, en forma de pila de reloj, que se precipita a toda velocidad sobre las montañas. Al caer, toda la cordillera se incendia al instante. Nos aterramos al ver la muralla de fuego. Además, por el impacto del meteorito el agua del mar se revuelve y una inmensa ola viene hacia nosotros. Intento proteger a un niño que hay junto a mí. En adelante (septiembre-octubre 2005) soñaré repetidamente con incendios e inundaciones.

domingo, 29 de abril de 2007

El monje del lavabo y otras pesadillas (antes de 1995)

1 Me levanto de la cama y voy al lavabo. Después de cerrar la tapa, me vuelvo y veo una imagen terrible. De la puerta del lavabo cuelga una túnica de monje, y dentro de la capucha brillan unos ojos rojos.

2 El capitán Garfio me persigue por una escalera.

3 Un payaso de cara terrorísica me persigue por la escalera de casa. Me escondo en el piso de arriba, donde vive mi abuela Caridad. Pero ella está adormecida y se comporta de forma extraña: le hago preguntas y me responde con voz débil y cansada. Imagino que el payaso ya se habrá ido, así que vuelvo a bajar las escaleras. Pero lo vuelvo a encontrar y me persigue hsta la calle. Una vez fuera, desaparece misteriosamente.

4 Duermo en mi antigua habitación y oigo mucho ruido. En el comedor hay una fiesta, donde participa mi madre. Pero todos tienen cara diabólica, poseída. Recuerdo la mirada siniestra de mi madre y de un desconocido de rostro afilado y cabellos negros.

5 Camino con un anciano y otro chico. En la oscuridad de la noche, vemos un túnel larguísimo. Me invade un miedo terrible: hay monstruos, bestias, se oyen gritos. Tengo la sensación de que nunca podré huir. Sin embargo logramos salir y a la postre siento la tentación de volver a entrar.

6 Voy a mi escuela, pero está muy cambiada. Parece que hayan pasado cien años: el edificio es moderno y sofisticado, la portería está llena de botones y timbres. No se parece en nada a mis recuerdos, y la imagen me entristece.

7 Estamos en una playa y una gran ola se me lleva por delante. Por más lejos que vaya, me atrapa.